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Gabriela Alemán
Ha publicado tres colecciones de cuentos: Maldito Corazón (Ed. El Conejo, 1996), Zoom (Ed. Eskeletra, 1997), Fuga Permanente (Ed. Euterpe, 2001 y Ed.Eskeletra, 2002) y una novela, Body Time (Ed. Planeta, 2003). Sus cuentos han aparecido en diversas antologías, entre ellas, Historias de fútbol, días de Munidal (Ed. Edinexus, Málaga, 2003). Sus cuentos han sido traducidos al chino, croata, hebreo, francés e inglés. Tiene un PhD por la Universidad de Tulane con especialidad en Teoría del Cine y Cine Latinoamericano; una Maestría en Letras Latinoamericanas y un título de traductora de Cambridge University.

 

No nos dieron tiempo Palamazczuk. Todo pudo ser distinto pero no nos
dieron tiempo o el que tuvimos no nos alcanzó. Vino un avión hacia
nosotros y en vez de huir, nos subimos a la jangada. Todo estaba montado:
los pájaros, los huevos envueltos en uno de los cueros, las cantimploras,
los machetes. Comenzamos a bajar por el río. No sé qué estábamos pensando.
Pero tampoco podíamos dejar de intentarlo. Ni siquiera lo pensamos, te
aseguro que hablo en el nombre de todos. Para ese momento éramos uno, no
nueve hombres. Sino uno. Y pasó lo que tenía que pasar, pero, te aseguro,
no antes de que pasara. Se abrió el fuego de metralla, era como si la
tormenta comenzara de nuevo pero, esta vez, con balas. El avión volaba
bajo y nos pudieron haber matado a todos con mejor puntería o, tal vez,
viéndonos se arrepintieron cuando ya fue tarde. Por su tamaño, de lejos,
los ñandúes podían parecer hombres y, tantos, en una embarcación

La ráfaga llegó antes y luego la bomba, que cayó delante de la balsa.

El tiempo se detuvo Palamazczuk, mientras las plumas caían. Nada se movía,
salvo ellas, que daban vueltas en un remolino infernal sobre nosotros. Ni
siquiera había viento y ellas ahí. Livianas. Flotando.
Todo se hundía, nosotros, la embarcación,
los pájaros con las patas atadas y sus
torpes cuerpos de bailarinas fofas,
cayendo.


 
 

 
     
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