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Diego Araujo Sánchez

Diego Araujo Sánchez, Quito, 1945
Cursó Jurisprudencia en Pontificia Universidad y el Ciclo Doctoral de Literatura en ese mismo centro de estudios.
Fue Profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, desde 1971 hasta
el año 2002. Es Subdirector de Diario HOY, de 1996 hasta el presente, diario en el cual mantiene una columna semanal desde 1984.
Ha publicado ensayo y crítica literario y ensayo.

 

El Exodo de Yangana, de Angel F. Rojas ( 1909), que se publicó en 1949, es obra de madurez que cierra el ciclo de del realismo social y una de las mejores, más vigorosas y homogéneas novelas de nuestra literatura.
Al concluir su estudio de La novela ecuatoriana, el ensayo que publicó en 1948 la colección Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica de México, Angel F. Rojas llama a la madurez y responsabilidad de los escritores que encabezaron la renovación literaria de los años 30: "El impulso juvenil, tosco, inhábil y desorbitado tiene que convertirse en obra medular y adulta", afirma.

El éxodo de Yangana representó la mejor respuesta al reclamo de convertir el impulso juvenil en obra medular y adulta.. Pero la novela va más allá pues
anuncia algunos de los caminos por donde transitará, en las décadas siguientes, la narrativa ecuatoriana.

¿En qué reside la originalidad de la novela de Angel F. Rojas? En una composición compleja y sencilla al mismo tiempo; en la sólida creación de personajes individuales y un gran personaje colectivo, y en la eficacia poética del lenguaje narrativo.

La novela comprende tres partes, un preludio, dos interludios y un postludio.
Empieza con el sobresalto de Joaquín Reinoso que, entre los rumores habituales de la selva, escucha los sonidos de una multitud que se acerca hacia Palanda, la tierra en donde solo viven él, su mujer y el hijo de ambos. Toda la primera parte es una sucesión de retratos e historias de entre las ciento sesenta familias que avanzan en éxodo por la selva. El primer interludio, que se pone en boca del estudiante Gordillo, un agrónomo fracasado, es una exaltación del poder creativo de la naturaleza y de la germinación de las semillas y anuncia la llegada del pueblo a su meta. La segunda parte, que se presenta como la traducción de un informe de Mr. Spark, un científico gringo que llega en plan de estudio a Yangana, es una relación minuciosa de las condiciones y características del pueblo, con el empaque de un amplio estudio sociológico para asediar, desde otra perspectiva, el mundo de la novela. El segundo interludio cuenta la historia de amor entre Mr. Spark y Juanita Villalba, la escéptica de Yangana. En la tercera parte se narra la sublevación del pueblo contra los gamonales que se apropian de las tierras pertenecientes a la comunidad y se narra la decisión colectiva de emprender el éxodo para crear la nueva Yangana.

La parte final presenta el conflicto del Churón Ocampo, líder y artífice del éxodo, que quiere mantenerse en el poder contra el juicio de los demás pero que renuncia a ello gracias al influjo de su amigo Joaquín Reinoso y en aras del futuro promisorio de la nueva población.

Sin embargo, las siete partes de la novela tienen un eje vertebrador más simple, con una sola gran secuencia narrativa con los siguientes segmentos: la situación inicial de felicidad del pueblo que se destruye por los despóticas amenazas y los abusos de quien se apropia de extensas propiedades comunitarias; el enfrentamiento entre el pueblo, el gamonal y quienes lo apoyan; la muerte que los yanganeses dan al opositor; las amenazas de represión, el abandono y la destrucción del pueblo y el éxodo colectivo en busca de nuevas tierras y una vida feliz.

En esta secuencia se refleja un motivo central de la novela, muy en la dirección de la denominada novela del realismo social: la lucha por la tierra. Pero la composición más compleja es portadora de múltiples motivos: amor, celos, hostilidad entre los seres humanos, búsquedas y desencuentros, comunicación y soledad, vida y muerte, entre otros rasgos semánticos, configuran un sentido más amplio, menos regional y más universal en la obra de Rojas.

La segunda clave de la originalidad de El éxodo de Yangana es la creación de personajes. La novela de Rojas trae en sus páginas una verdadera galería de ellos: toda la primera parte registra la historia de muchísimos habitantes de Yangana, los caracteriza, refiere sus acciones individuales y las ocupaciones de cada día. Algunas de esas figuras, trazadas con mano maestra, perduran inolvidables en nuestra memoria. Pero los múltiples personajes están en función de caracterizar al personaje protagónico de la obra: al pueblo de Yangana. En este mismo orden se presentan la segunda y tercera parte del discurso narrativo: con la objetiva y minuciosa descripción del pueblo en el informe de Mr. Spark y la acción comunitaria decisiva, que da lugar al éxodo: para la fiesta del Señor del Buen Suceso Yangana estrena una campana, fruto de la acción común; la representación de una obra de teatro, alusiva a los conflictos del pueblo con los gamonales, y la imprudente conducta de estos últimos, levantan los ánimos de todos y provocan la muerte de Gurumendi y el Teniente Político y el castigo de los otros opositores. Las amenazas de represión conducen a la huida del "réprobo colectivo", es decir, al éxodo, acción central del pueblo.

La historia del héroe colectivo responde a una evidente intención testimonial.
El abandono de los pueblos, su aislamiento, y el descuido de los poderes públicos; la violencia que engendra el régimen de gran propiedad territorial; la sed de poder en la experiencia de quienes ejercen la autoridad dentro de un grupo; todos los conflictos humanos que surgen, como en un complejo microcosmos, en el seno del pueblo más sencillo.

La presencia colectiva es el hilo conductor de una visión épica de la obra. Los yanganeses no son abatidos por las circunstancias, adversas por el contrario las enfrentan y, por el esfuerzo comunitario, se ponen en camino de hacer una nueva historia.

Otra de las claves de El éxodo de Yangana es el lenguaje. Habla sabrosa, rica en voces castizas y giros locales; excelencias de una elegante construcción y lengua de ancestro popular, se amalgaman en el discurso narrativo, nos obligan a gustarlo, a leer y releer la magnífica prosa del novelista.

El lenguaje narrativo alcanza plenitud y madurez gracias a su marcado aliento poético. Una prosa que ilumina el detalle y los pormenores de las ocupaciones manuales; que pesa los objetos y capta la multiforme naturaleza de la zona de Yangana y la provincia; que es capaz de dar vida a decenas de personajes, ha pasado la prueba más exigente porque está modelada con un apreciable sentido estético.

Rojas entrega en su novela una visión coherente de los problemas de la sociedad ecuatoriana no resueltos hasta hora: el problema de la concentración de la propiedad en pocas manos, el abuso de los terratenientes y la complicidad de las autoridades para perpetrarlo; la opresión que sufre el pueblo, sus ansias de libertad y hasta sus utopías. Pese a las adversidades, el poder creativo de la comunidad le abre las puertas para hacer su propia historia.

 


 
 

 
     
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