CACERÍA
I
En el sueño te atrapo,
sólo en el sueño.
Me disfrazo y
me tiendo entre las zarzas.
Mis ojos ya gozan la avaricia
de contenerte, arrancarte
del juego.
¿Pero quién pone al cabo
el cepo y la celada?
Manso posa el venado
dándose en don
a tu aleve flecha.
Tú corres con tus huestes
y pasas sin volverte.
Ríes a mis espaldas.
¿De mí? ¿De ese venado?
¿Del sueño de que escapas?
II
Miraré mi rostro
en las aguas dormidas.
Junto al cuerno de luna, ese cacharro.
Al fondo, rastros de sangre.
La sombra, a mis espaldas,
una burla. Bajo los arbustos
se enmascara. Ridículo, beberé.
No el vino sino luz helada.
III
El verso es arco que se tensa
sin flecha que partir pudiera
hacia tu pensamiento oculto,
hacia tu voluntad tan lerda
para mí.
Acaso
no exista el verso que te acose,
que te circunde y cerque
y te conmueva al fin,
pero tal vez exista
el verso o el gramo de silencio
que te pudiese herir.
Y si parodio plegarias y epitafios
es por buscarlo entre los restos
y el enojoso reto que me lanzas
sin pronunciar siquiera una palabra.