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Miguel Donoso Pareja
(Guayaquil, 1931).
Terminó la carrera de Derecho pero nunca ejerció la profesión.
Perseguido y apresado (estuvo casi un año en la cárcel)
por los militares que usurparon el poder en 1963, fue expulsado del país
y vivió en exilio obligatorio en México durante cuatro años
y en forma voluntaria catorce años más. Trabajó en
el diario El Día, en la UNAM y en Bellas Artes. Hizo crítica
literaria y coordinó talleres literarios en Ciudad de México,
San Luis Potosí y Puebla. Fue coodirector con Rulfo, Cortázar,
José Revueltas, Pedro Orgambide y Eraclio Zepeda de la revista
Cambio. Regresó al país en 1981 y en el 85 obtuvo una beca
Guggenheim.Viajó a España y a su regreso se radicó
en Guayaquil, donde vive ahora. Ha publicado, entre otros, los siguientes
libros: Primera canción del exiliado, Ultima canción del
exiliado, Adagio en G mayor para una letra difunta (poemas), Henry Black,
Nunca más el mar, Hoy empiezo a acordarme, La muerte de Tyrone
Power en el Monumental del Barcelona (novelas), A río revuelto,
La garganta del diablo (varia invención), Krelko, Lo mismo que
el olvido, Todo lo que inventamos es cierto (cuentos), Sin ánimo
de ofender y Ecuador: identidad o esquizofrenia (ensayos).
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ULTIMA, DESESPERADA
E INUTIL BUSQUEDA DE GUDRUM
Gudrum es todas las mujeres y ninguna,
una mujer y
todas las mujeres, Anna
Seguéievna, “la dama de perrito”, las que
se le
atravesaron en la garganta del diablo, hoy empiezo a
acordarme, día tras día, a río revuelto,
a lágrima
batiente, y ahora reitera (El Muerto, of course):
Natasha Filippona, La Maga, Alejandra, Andrea de
Taverney, Mila- lady, Carmen y Gilda (de Bizet y
Verdi, en su orden), Honorata de Van Guld, Ema
Bova-ry, Hetaira Esmeralda, Kikuko (la bella joven
durmiente), Beatriz, Helena (devoradora de barcos y de
hombres), Elandros, Penélope, la gúera del perrito,
Silya, la bruja dulce, Cir-ce, Dolores, las muchachas
del triángulo, Suicidia (muere a cada instante),
Postumia (a-mada por un muerto), la isleña del potito
barroco, Lolita, ML, A, R, Justine y Yolanda (de
Durrell la una, de Salgari la otra), la doble y única
mujer; y agrega: Madame Eduarda, la Olimpia de Manet,
la Maja desnuda (también la vestida), las mujeres de
Modigliani, Doña Bárbara, La Tigra, Elienor de
Aquitania, Oriana (gracias Amadis), Jezabel,
Shere-zada, madame cróque monsieur, la rubia Mireya,
Malena, Maen de Montaignac (la dama inventada de
Bertrans de Born, al que se refiere Pound en su poema
“Señora Audiart”, usando el más bello
verso erótico de
la Divina Comedia -“Ed eran due in uno ed uno en
due”-, que es, según Gómez Valderrama, la
forma en que
“Dante vio a de Born en el In-fierno, en el círculo
de
los creadores de discordia, con la cabeza separada del
tronco, lle-vándola en la mano a guisa de linterna”
)
y las ciudades (¿mujeres?) invisibles (¿imposi-bles?)
de Calvino: Isidora (a la que se llega en la vejez,
que es lo mismo que nada), Ta-mara (se pasa por ella
sin conocerla, que viene a ser igual), Armilla (la
tenue, llena de ninfas inútiles), Cloe (la casta,
rodeada de una vibración sensual constante), Esmeralda
(llena de gatos, ladrones y amantes clandestinos),
Eusapia (habitada por muertos) y Bere-nice (la
injusta), poblada de inocentes, una y todas las
ciudades, es decir G, Guayaquil, Gudrum, el final de
la derrota (de derrotero, no de derrotado), el
cansancio, el regreso al vientre materno, porque
Ulises es el viaje, la búsqueda, la transgresión,
la
curiosidad, la vida, las diferentes escalas y
partidas.
Itaca, en cambio, es la quietud.
Lo innombrable.
*Del libro inédito de cuentos La cabeza del náufrago
que hablaba.
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