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Isidro Luna.

Este heterónimo de Carlos Rojas (1950), llega a la literatura dramática tardíamente. En su obra se sienten profundamente las influencias del teatro del absurdo y las orientaciones de Eugenio Barba. Co-fundador del Teatro del Quinto Río, que puso en escena una de sus obras más representadas: Héroe decapitado. Sus principales textos se encuentran en un volumen: “¿Quieres tomar un café conmigo?”

Máscara 1

Hay soledades. Están allí como el horizonte, las sombras, los acantilados reacios a volverse mar. Hay soledad como hay laguna, tierra, desierto. Camino por ella como andar en el bosque, pasear en la playa, perderme en la ciudad. ¡Ay soledad! Me duele como la rama que golpea el rostro, como la herida que no deja de sangrar, como el espino incrustado en la córnea. La soledad huele a albahaca, sabe a cedrón y menta. Es la noticia de tu distancia, son tus manos retirándose de mi cuerpo, tu voz que se apaga mientras te alejas, la puerta detrás de la que desapareces. Es un brote de malayerba en medio del trigo limpio, una mancha en el sol, un brochazo de pintura que cubre el universo de ocre, un aire a mar salado, a territorio inhóspito. Es el principio de inmovilidad de las cosas, el lugar en donde lo conocido se vuelve extraño, la imaginación que no cesa de preguntar: ¿qué será de ti? Y la voz interior que no tarde en responder: ¿qué será de mí? Se levanta en la tarde una brisa ligera, regresan las hormigas a sus agujeros, te desnudas sin que nadie te mire, se desliza tu cuerpo en la noche y tus ojos en el llanto. No sabes por qué lloras. Me prometí no hablar de ti y mis palabras se tropiezan para nombrarte. Yo, en cambio, no tengo nombre. Soy una máscara. Debajo de ella no se oculta un rostro. Máscara de máscara. Mañana es otro día y el mismo. He bebido sin que colmaras mi sed. Camino con la cabeza inclinada, no reconozco a nadie. Permítanme sentarme. Dejaré mi máscara a un lado, por un momento.


 
 

 
     
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